
Resulta interesante visitar la exposición de los "Guerreros de Terracota" montada en el Centro Cultural de La Moneda. Se trata de una experiencia directa acerca de la cultura china y su milenaria sabiduría ancestral.
Lo propio de la cultura China, desde una perspectiva esencial, se puede definir a través del concepto de la preservación y la memoria. Esto es propio de las culturas orientales. Occidente está mas relacionado con una voluntad prometeica de apertura a lo desconocido, de proyección a futuro. Ya Spengler, o alguno de sus contemporáneos (Rosenberg?), caracterizó a las distintas razas de acuerdo a su pulso vital: Creadores fáusticos (las razas blancas), preservadores (los amarillos) y destructores (etc).
Los Chinos esplenden en su referencia obligada a los ciclos estacionales, a los ritos, a las costumbres,a las normas. Es una ecuación cerrada entre hombre y naturaleza. La Vida es comunión y armonía con los ciclos cósmicos de regeneración, con los elementos, con el agua, la tierra, la madera, el metal, el viento, el fuego...
Hijos del cielo y la tierra, viviendo en la armonía cerrada de un mundo con sentido... pero ciertamente acotado.
Máscara y Rostro.


La expresión de la estatuaria china clásica no llega a trascender la máscara impersonal.
En este sentido es ilustrativa la comparación con el arte griego clásico, y con el romano, (contemporáneos de las dinastías clásicas chinas) en los cuales se llega a la expresión de lo individual, del carácter diferenciado. El busto de Julio César es del de una personalidad, de un alma diferenciada que se expresa a través de un rostro con matices...la estatua del emperador chino es una abstracción hierática, dura...una máscara impersonal, frontal, sin escorzo.
De aquí se sigue la idea del alma colectiva. Los chinos constituyen un gran ser colectivo en el cual lo individual se subordina a lo universal.
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