
Abstract:
El presente texto busca analizar la evolución de la representación del cuerpo humano en la propaganda politico-cultural del siglo XX, tanto a escala mundial como en nuestro País, y sus respectivas implicancias simbólicas.
Palabras clave: arquetipos, representación visual, fisiognomica, expresión corporal, identidad, diseño gráfico, afiches de propaganda.
Una de las mas recientes campañas implementadas por el Ministerio de Cultura del gobierno de Chile se titula “Yo Leo”. Esta campaña, montada en gran formato en distintos soportes urbanos (transporte público, etc), busca promover el hábito de la lectura en la ciudadanía. El mensaje esencial es que la lectura es un entretenido hobby que se puede realizar en cualquier parte, “en la micro, en el baño”, etc. Esta idea básica se ve reforzada con la inclusión de unos dibujos abstractos que representan al “lector”. La campaña asume implícitamente el leer como un ejercicio deportivo que “hace bien”, independiente de los contenidos…da lo mismo si se trata de “La Cuarta”, o las Odas de Hölderlin. En la tabula rasa del “pensamiento correcto”, esta es una variable menor. Pero lo que nos ocupa en este análisis es específicamente la representación visual que en los afiches se hace de “la gente”, del ciudadano medio. En términos sintéticos, y desde un punto de vista tradicional, es posible afirmar que en estas representaciones se evidencia una clara involución del tipo humano olímpico-apolíneo como ideal de realización.
Del titán moderno al ciudadano postmoderno.
La historia del afiche político durante el s.XX es un campo fecundo de análisis, en términos de expresión fisiognomica. Independiente de la orientación política, las representaciones gráficas de afiches que incorporan cuerpos y rostros humanos, desde principios del siglo XX hasta mediados de la década del 70, pueden caracterizarse por la expresión de rostros orientados a lejanías, miradas tensionadas hacia “horizontes de futuro”, cuerpos esbeltos de trabajadores, familias, obreros y masas organizadas. Esto se expresa gráficamente en ordenes “perspectivados”, que desbordan los limites del encuadre del afiche y se proyectan a una “escala de trascendencia”. La mirada y el gesto corporal son un vector, una flecha disparada al horizonte de una destinación sublime. Llamaremos a esta expresión “Lo Titánico”. Ejemplos claros de esta tendencia se pueden encontrar en los carteles de propaganda de la Segunda Guerra mundial, específicamente en los del Eje, y en los afiches soviéticos, estos influenciados en parte por sus propias corrientes de vanguardia artística como el constructivismo y suprematismo.

La expresión titánica es congruente con el espíritu de una primera modernidad, sustentada en la idea de progreso indefinido y revolución tecnológica. Los soviéticos llevan esta idea a un paroxismo sin límite: es la máquina el arma de la revolución, el instrumento que permite el paso de una sociedad agraria-estamental a una sociedad plenamente “moderna” y revolucionaria. El arado da paso al tractor, al tren, al dirigible aerostático. Y esto se traduce en un universo de propaganda visual con mucha carga expresiva. Los trenes de la Agit-Prop surcan el espacio continental de Rusia, transformados en gigantescos afiches de propaganda política. Por su parte, los afiches germanos, junto con privilegiar también las bondades de la técnica (p. ej. el Autobahn, como expresión de equilibrio entre dominio técnico y orden natural), están plenamente enraizados en temáticas identitarias. La noción de Sangre y Suelo se expresa en imágenes de familias ideales, paisajes sublimados, arquetipos raciales puros y jóvenes soldados marchando al frente de batalla, acompañados por el Geist de sus antepasados. Es un ideal olímpico, apolíneo, de proyección a futuro pero con origen, enraizado en la heredad de la sangre y la pertenencia. En términos de técnica gráfica, los afiches germanos ponen en valor el dibujo a lápiz, la ilustración naturalista, mientras que los soviéticos privilegian el uso de colores puros, el plano de color saturado y la geometrización abstracta.


Mención aparte merecen los afiches italianos ligados al movimiento futurista, los cuales en una interesante alquimia formal sintetizan aspectos tradicionales y modernos. Visiones de utopías monumentales, gestos amplios y una especial valoración de la estética de la velocidad. Hombres nuevos para un mundo nuevo…

En Chile estos arquetipos visuales también tuvieron eco en el diseño gráfico de afiches políticos y culturales, desde inicios del siglo XX. El caso específico del cartel de propaganda social ligado a la reforma agraria, y posteriormente al gobierno socialista de Allende, puede considerarse un punto de inflexión, pues si bien se inscribe grosso modo en la expresión titánica, hace aparecer una variable nueva: la definición de un tipo racial específico, como expresión identitaria del pueblo en armas.
La representación de este biotipo se caracteriza principalmente por el dibujo de rostros aceitunados, chatos, de proporciones ovaladas que privilegian la horizontal por sobre la esbeltez vertical, ojos dilatados, nariz ancha, etc. Generalmente representados en grupos de masas movilizadas, con puños alzados y banderas de lucha. Inspirada en la obra de muralistas como Siqueiros, y con ecos indirectos en la obra de un Guayasamín, esta tendencia se basa en la idealización del mestizo y el indígena sublevado, el nativo de la “América cósmica” de Vasconcelos, que se rebela contra el dominio capitalista blanco y recupera su espacio vital de pertenencia y autodeterminación. Mas allá de consideraciones histórico-contextuales, y desde un punto de vista tradicionalista, se trata de una “revuelta de inferiores”, una “revolución de esclavos” que toman venganza desde el resentimiento. Una subversión del orden jerárquico-estamental del patronazgo. En términos estéticos, el ideal apolíneo se trastoca en un ideal telúrico-chtonico, de “gentes de la tierra”. Héroes de barro, opacos, duros, anónimos…pero en los que aún resuena la expresión titánica, como voluntad de futuro y consumación de un cierto ideal. La manifestación mas conocida de esta tendencia fue desarrollada por la célebre “Brigada Ramona Parra” a través de sus graffitis politicos urbanos.




En forma muy resumida, el advenimiento del régimen militar genera un lapsus estilístico, en el cual se recuperan e inducen algunos referentes tradicionales en las distintas manifestaciones culturales del país. Campañas de identidad (muy ingenuas y básicas en terminos de diseño) en que se valoran conceptos nacionalistas, el orgullo de la pertenencia, la belleza del paisaje chileno como referente de identidad, la importancia de los emblemas nacionales y su significado simbólico. Todas estas manifestaciones y estrategias quedan en abierta contraposición a los leit-motivs de la intelligentsia cultural de izquierda, cuyos artistas se encontraban en su mayoría proscritos, en el exilio o en la clandestinidad. Esta primera etapa de reivindicación nacionalista queda posteriormente diluida con la consolidación del modelo de libre mercado y la consiguiente internacionalización de los referentes culturales. El posterior colapso del régimen militar deja la puerta abierta al retorno de la intelligentsia de izquierda, esta vez en forma de asesores comunicacionales que incorporan conceptos de marketing, publicidad y diseño estratégico (los cuales fueron cruciales en el triunfo de la opción No del plebiscito de 1988).
En consonancia con los nuevos tiempos, y el término de los meta relatos ideológicos que los sustentaron, los antiguos-nuevos estrategas de la comunicación han dado desde principios de los años 90 un giro desde el discurso abiertamente político, agonal, hacia formas “actualizadas” postmodernas, en las cuales conceptos como cercanía, accesibilidad de contenidos, transversalidad e integración se yerguen como los nuevos mandamientos de la comunicación efectiva. En este contexto, la expresión titánica resulta incongruente y demodé, siendo reemplazada por conceptos instrumentales como la cultura entretenida, la cultura urbana, el gobierno ciudadano. El titán es reemplazado por el mimo, la caricatura, la minoría… En la ausencia de referentes de trascendencia, en la ausencia de ideales de transmutación colectiva, la expresión de lo nimio y lo prosaico toma protagonismo. Es la representación visual del “último hombre”, del pulgón de Nietzsche. Y esto se expresa gráficamente en la negación de las perspectivas, en el uso de encuadres frontales (“de dialogo horizontal, directo”), e incluso en el uso de perspectivas inversas (cuerpos fotografiados “de arriba hacia abajo”, en que el primer plano es la cabeza y la lejanía está en los pies). Es la inversión de la mirada que aspira a lo sublime, a lo que está “lejos, arriba y mas allá”…es la negación de lo ad-mirable. Un buen ejemplo de estas formas lo da el canal estatal TVN, con las franjas de continuidad de su programación cultural de weekend.
El colapso de los meta-relatos de identidad y la consiguiente atomización nuclear de los cuerpos sociales en “tribus urbanas”, masas indiferenciadas y minorías, conlleva también la imposibilidad de definir un “tipo ideal” al cual aspirar como modelo de realización político-estética. Sin embargo, considerando el poder de las formas de comunicación masiva y su grado de penetración en las conciencias individuales de “la gente”, es posible pensar en la inducción de contenidos y formas que, a través de campañas gubernamentales bien guiadas, puedan volver a traer a presencia aquellos arquetipos visuales apolíneos, titánicos, solares, que no han muerto, y que siguen formando parte del inconsciente colectivo de nuestro pueblo y del Mundo entero.

No hay comentarios:
Publicar un comentario